Seguro que has escuchado alguna vez algo así: “Es que los hombres siempre tienen más ganas.”
O quizá, dentro de una pareja: “Yo siempre quiero y tú nunca.”
Y casi siempre damos por hecho quién ocupa cada papel. Pero ¿de verdad los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres simplemente por ser hombres?
Aunque algunos estudios encuentran diferencias promedio entre hombres y mujeres, la realidad individual es bastante más compleja. El deseo sexual no depende únicamente del género y, sobre todo, no permanece igual durante toda la vida.
El deseo sexual no funciona de una forma tan sencilla
Hay hombres con muchísimo deseo sexual. Y hombres que pasan temporadas con pocas ganas.
Hay mujeres con mucho deseo sexual. Y mujeres que atraviesan momentos en los que el sexo apenas les apetece.
También ocurre algo que a veces olvidamos: la misma persona no tiene siempre el mismo nivel de deseo. Puedes pasar por una época en la que te apetezca muchísimo el sexo y, unos meses después, sentir que tienes muchas menos ganas.
El estrés, el cansancio, la relación de pareja, determinados medicamentos, los cambios hormonales, la salud física y emocional o el momento vital pueden influir en el deseo sexual. Por eso, tener menos ganas de sexo durante una temporada no significa necesariamente que exista un problema.
Entonces, ¿los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres?
Si observamos grandes grupos de población, algunos estudios encuentran que los hombres manifiestan, de media, mayor deseo sexual en determinados indicadores. Pero aquí hay una palabra importante: media.
Eso no significa que todos los hombres tengan más deseo que todas las mujeres. Ni que podamos predecir cuánto sexo quiere una persona simplemente sabiendo si es hombre o mujer. Además, el deseo sexual no ocurre en el vacío.
Durante mucho tiempo, hombres y mujeres han recibido mensajes muy diferentes sobre cómo deberían vivir y expresar su sexualidad.
Al hombre se le ha transmitido que tener muchas ganas de sexo, tomar la iniciativa o estar siempre dispuesto forma parte de lo que se espera de él.
Muchas mujeres, en cambio, han recibido mensajes mucho más restrictivos sobre expresar deseo, tomar la iniciativa o hablar abiertamente de sexo.
Por eso, cuando hablamos de diferencias en el deseo sexual entre hombres y mujeres, no solo importa cuánto deseo siente una persona, sino también cómo lo experimenta, cómo lo expresa y qué se permite hacer con él.
En una pareja, él no siempre quiere más sexo
Puede que en una pareja él tenga más ganas. Pero también puede ocurrir exactamente lo contrario. Y puede cambiar con el tiempo.
Quizá al principio de la relación era una persona la que buscaba con más frecuencia los encuentros sexuales y, años después, los papeles han cambiado completamente. Porque el deseo no es algo fijo.
Puede verse afectado por el estrés, el cansancio, la rutina, la carga mental, la llegada de los hijos, los conflictos de pareja, la imagen corporal o simplemente por la etapa vital que estás atravesando.
Por eso, cuando hay diferencias de deseo en la pareja, buscar quién tiene un nivel de deseo “normal” suele ser mucho menos útil que intentar entender qué está ocurriendo entre los dos
“Pero es que yo siempre tengo que iniciar…”
Aquí aparece otra cuestión importante. La persona que toma más la iniciativa no siempre es la que tiene más capacidad de sentir deseo. No todo el deseo sexual aparece de la misma manera.
A veces surge espontáneamente: estás haciendo cualquier otra cosa y aparecen las ganas de tener sexo. Pero otras veces el deseo es más responsivo. No empiezas pensando: “Tengo ganas de sexo.”
Sin embargo, cuando aparecen los besos, las caricias, la intimidad o consigues desconectar de las preocupaciones del día, empiezas a excitarte y las ganas aparecen después.
Esto ayuda a entender por qué esperar a que ambos miembros de la pareja tengan ganas exactamente al mismo tiempo puede resultar frustrante.
También explica por qué contar quién inicia más veces no siempre nos dice quién tiene “más deseo”.
Cuando uno quiere más sexo que el otro
Las diferencias de deseo son muy habituales en las relaciones de pareja. El problema no tiene por qué ser que uno quiera sexo tres veces por semana y el otro una. Muchas veces el conflicto empieza con el significado que damos a esa diferencia:
“Yo siempre tengo ganas.”
“Tú nunca quieres.”
“Si me quisieras, te apetecería.”
“Antes querías mucho más.”
“Siempre tengo que ser yo quien empieza.”
Cuando el deseo se convierte en una forma de medir cuánto nos quiere o desea nuestra pareja, el sexo puede empezar a cargarse de presión. Una persona se siente rechazada. La otra empieza a sentir que tiene que acceder para evitar un conflicto. Y el encuentro sexual puede pasar de ser algo que apetece compartir a convertirse en una obligación.
Paradójicamente, cuanta más presión ponemos sobre el deseo, más difícil puede resultar que aparezca.
Tener menos deseo no significa querer menos a tu pareja
Esta es quizá una de las ideas más importantes.
No tener ganas de sexo en un momento determinado no significa necesariamente que hayas dejado de sentir atracción, que quieras menos a tu pareja o que vuestra relación esté mal.
Del mismo modo, tener más deseo tampoco significa querer más. El deseo sexual está influido por muchos factores y reducirlo a una prueba de amor o atracción puede generar mucha presión dentro de la pareja.
Cuando existe una diferencia importante, suele ser más útil preguntarse qué necesita cada persona para conectar con su deseo que intentar decidir quién tiene razón.
¿Cuándo puede ser útil consultar?
Tener niveles de deseo diferentes no significa que exista un problema sexual. Pero si la diferencia está generando discusiones frecuentes, rechazo, culpa, presión o distancia en la relación, puede ser útil abordarla.
También conviene consultar si notas una pérdida de deseo sexual persistente, especialmente si supone un cambio importante respecto a cómo te sentías anteriormente o te genera malestar.
Dependiendo del caso, puede ser necesario valorar factores físicos, hormonales, farmacológicos, psicológicos o relacionados con la pareja.
En terapia sexual también se puede trabajar sobre las diferencias de deseo sin partir de la idea de que uno de los dos tiene que cambiar para adaptarse al otro.
Quizá la pregunta no debería ser quién quiere más sexo
Preguntarnos si los hombres quieren más sexo que las mujeres puede resultar interesante cuando hablamos de tendencias generales. Pero dentro de una relación hay una pregunta mucho más útil:
¿Qué está pasando con el deseo de cada uno ahora mismo?
Porque las estadísticas hablan de grupos. Tu relación ocurre entre dos personas concretas. Personas con cuerpos, experiencias, momentos vitales y formas diferentes de experimentar el deseo.
Y cuando existe una diferencia, el objetivo no debería ser decidir quién tiene demasiado deseo o demasiado poco. Debería ser entender qué necesita cada uno para poder vivir su sexualidad sin presión.




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