Puedes querer muchísimo a tu pareja y, aun así, sentir que el sexo ya no te provoca lo mismo que antes.
Y quizá lo primero que piensas es:
“Ya no me atrae.”
“Se nos ha acabado la pasión.”
“¿Será que ya no deseo a mi pareja?”
Pero ¿y si no fuera exactamente eso?
El aburrimiento sexual en la pareja no siempre significa que se haya acabado el deseo. A veces el problema es mucho más sencillo: lleváis demasiado tiempo teniendo el mismo sexo de la misma manera.
Cuando el sexo entra en piloto automático
Al principio hay curiosidad. Quieres descubrir al otro, sorprenderle, probar cosas y esperar el próximo encuentro. No sabes exactamente qué va a ocurrir. Con el tiempo, esa incertidumbre puede desaparecer y podéis acabar repitiendo prácticamente siempre el mismo guion:
Mismo lugar.
Mismo momento.
Mismo comienzo.
Mismo final.
Incluso podéis saber qué va a hacer el otro antes de que lo haga. Y aunque haya cariño, confianza y buen sexo, los encuentros pueden empezar a sentirse demasiado previsibles. No necesariamente porque tu pareja haya dejado de gustarte.
Simplemente porque ya sabes lo que viene después.
¿Aburrimiento sexual significa falta de amor?
No necesariamente. Puedes sentirte profundamente unido a alguien y notar que vuestra vida sexual se ha vuelto monótona.
El amor y el deseo están relacionados, pero no son exactamente lo mismo. Puedes querer a alguien, sentirte seguro con esa persona y disfrutar de vuestra relación y, al mismo tiempo, echar de menos cierta emoción, sorpresa o curiosidad sexual.
Esto puede generar bastante culpa:
“Si le quiero tanto, ¿por qué ya no me apetece como antes?”
Porque querer a alguien no garantiza que el deseo permanezca siempre con la misma intensidad. Y tampoco significa que vuestra relación esté condenada si atravesáis una época con menos deseo.
A veces no falta deseo. Falta novedad
El deseo suele llevarse bien con la curiosidad. Con sentir que todavía hay algo por descubrir.
Una conversación diferente. Una mirada que no esperabas. Un escenario distinto. Una fantasía compartida. Volver a coquetear. Hacer algo que normalmente no hacéis.
Pero cuidado: introducir novedad no significa tener que hacer cosas cada vez más atrevidas. No hace falta convertir vuestra relación en una película erótica. La novedad puede ser mucho más sencilla.
A veces consiste simplemente en romper un guion que lleváis demasiado tiempo repitiendo.
Quizá el problema empieza antes de llegar a la cama
Cuando pensamos en mejorar nuestra vida sexual solemos centrarnos en lo que hacemos durante el sexo.
Pero ¿qué ocurre antes? ¿Seguís coqueteando? ¿Os buscáis durante el día? ¿Hay besos que no sean simplemente un saludo? ¿Existe contacto físico sin saber necesariamente si terminará en sexo? ¿Os permitís hablar sobre lo que os apetece?
A veces el sexo no se ha vuelto aburrido porque falten posturas nuevas. Se ha vuelto previsible porque hemos dejado de construir todo lo que ocurría antes del encuentro.
Y si el único momento erótico de la relación empieza cuando uno pregunta “¿lo hacemos?”, quizá no sea extraño que parte de la emoción haya desaparecido.
Cuando fantaseas con otras personas
Aquí puede aparecer una trampa. Si te aburres sexualmente, quizá empieces a fantasear más con otras personas y te preguntes:
“¿Significa esto que quiero estar con otra persona?” No necesariamente. Una fantasía puede hablar de novedad, curiosidad, excitación o deseo de experimentar sin significar que quieras cambiar de pareja.
De hecho, tener fantasías sexuales estando en pareja no implica automáticamente que exista un problema en la relación. Más interesante que sentirte culpable por la fantasía puede ser preguntarte: ¿Qué tiene esa fantasía que me resulta excitante? Quizá la respuesta te dé alguna pista sobre algo que echas de menos en tu vida sexual.
¿Y si mi pareja ya no me atrae sexualmente?
Esta es una pregunta diferente y más delicada. Porque no todo aburrimiento sexual se soluciona cambiando la rutina.
A veces sí existe una pérdida de atracción. Otras veces hay resentimiento, conflictos de pareja, falta de conexión, estrés, cansancio, cambios físicos, problemas de autoestima o dificultades sexuales que han ido afectando al deseo.
Por eso merece la pena preguntarse: “¿Ha dejado de atraerme mi pareja o me he aburrido de cómo tenemos sexo?” Incluso puedes hacerte otra pregunta: “¿Tengo poco deseo hacia mi pareja o tengo poco deseo en general?”
Las respuestas pueden llevarte a lugares muy diferentes.
¿Cómo salir de la monotonía sexual?
Antes de buscar soluciones espectaculares, podéis empezar por recuperar la curiosidad. Hablad sobre qué os apetece ahora, no sobre lo que os gustaba hace cinco años.
Preguntaos si hay algo que os gustaría probar. Cambiad alguno de los elementos que siempre se repiten. Recuperad el coqueteo sin convertirlo inmediatamente en una invitación a tener sexo. Dejad espacio para encuentros que no tengan que terminar siempre de la misma manera.
Y, sobre todo, intentad no convertir “tenemos que recuperar la pasión” en una nueva obligación.
Porque si salir de la rutina se convierte en otra tarea pendiente, probablemente no resulte demasiado excitante.
Cómo hablar del aburrimiento sexual sin hacer daño
Decirle a tu pareja: “Me aburres sexualmente.” Probablemente no sea la mejor manera de empezar. Porque convierte a la otra persona en el problema.
En cambio, puedes hablar desde lo que echas de menos o te gustaría recuperar:
“Me gustaría que volviéramos a jugar más.”
“Echo de menos sentir más sorpresa entre nosotros.”
“Me apetece que probemos cosas diferentes.”
“¿Hay algo que te apetezca hacer y nunca me hayas contado?”
No se trata de buscar culpables. Se trata de entender qué necesita vuestra vida sexual en este momento.
¿Y si no conseguimos salir de la rutina?
No todas las parejas necesitan tener una vida sexual constantemente novedosa.
Pero si la monotonía está provocando una pérdida importante de deseo, genera distancia entre vosotros o lleváis tiempo intentando cambiarla sin conseguirlo, puede ser útil pedir ayuda.
En terapia sexual se puede explorar qué está ocurriendo con el deseo, qué patrones se han creado entre vosotros y cómo recuperar una sexualidad que no esté basada simplemente en repetir lo que siempre ha funcionado.
Quizá tu pareja no ha dejado de ponerte. Quizá simplemente lleváis demasiado tiempo haciendo el mismo sexo de la misma manera. Antes de concluir que se ha acabado la atracción, merece la pena preguntarse qué ha pasado con la curiosidad. Porque una relación puede ser muy estable… pero vuestra vida sexual no tiene por qué ser siempre previsible.




Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!