¿Por qué comparar nuestra vida sexual con la de otras parejas nos hace sentir que la nuestra no es suficiente?

“¿Nosotros tenemos poco sexo?”

Es una pregunta que aparece en muchas parejas, aunque no siempre se formule en voz alta. A veces surge después de hablar con unos amigos, de escuchar cuánto sexo tienen otras parejas o simplemente de pasar demasiado tiempo viendo en redes sociales relaciones que parecen apasionadas, espontáneas y permanentemente conectadas.

Una amiga te cuenta que ella y su pareja tienen relaciones sexuales tres veces por semana. En Instagram aparece una pareja que parece estar siempre enamorada, besándose, viajando y hablando de sexo. Entonces miras tu propia relación y aparece un pensamiento bastante fácil de reconocer:

“Bueno… nosotros no somos así.”

Y después llega la pregunta que puede empezar a generar preocupación:

“¿Será que nos pasa algo?”

Pues puede que no.

Puede que, simplemente, estés comparando tu vida real con una pequeña parte de la vida de otras personas.

¿Cuánto sexo es normal en una pareja?

Esta es una de esas preguntas para las que nos encantaría encontrar una respuesta sencilla. Nos gustaría poder decir que lo normal son dos veces por semana, una vez cada tres días o determinada frecuencia dependiendo de los años que llevemos en pareja.

Pero la sexualidad no funciona con una cifra universal.

La frecuencia de las relaciones sexuales puede variar muchísimo entre parejas y también puede cambiar a lo largo de una misma relación. Hay etapas en las que existe mucho deseo y otras en las que el sexo pasa a un segundo plano debido al estrés, el cansancio, el nacimiento de los hijos, problemas de salud, cambios laborales, conflictos de pareja o simplemente porque las necesidades sexuales de cada persona son diferentes.

Un estudio publicado en 2025 con 2.101 parejas identificó distintos perfiles de frecuencia sexual y satisfacción, mostrando que las parejas pueden experimentar niveles de satisfacción diferentes con frecuencias sexuales también diferentes.

Y esto es importante porque, cuando convertimos un número en una especie de examen, podemos acabar pensando:

“Si ellos tienen sexo tres veces por semana y nosotros una, entonces vamos mal.”

Pero ¿quién ha dicho que sea así?

Dos parejas pueden tener relaciones sexuales una vez por semana y estar viviendo situaciones completamente diferentes. Una puede pensar: “Estamos genial así”, mientras que otra puede sentir: “Yo necesito más y echo de menos esa parte de nuestra relación”.

La frecuencia es la misma.

Lo que sienten las personas dentro de esas relaciones no lo es.

El problema empieza cuando dejamos de preguntarnos qué queremos nosotros

Quizá antes estabas bastante tranquilo con tu vida sexual. No pensabas demasiado en cuántas veces teníais relaciones ni necesitabas compararlo con nadie.

Hasta que aparece la comparación.

  • “Mis amigos tienen muchísimo sexo.”
  • “En Instagram todo el mundo parece tener una vida sexual increíble.”
  • “Nosotros llevamos dos semanas sin hacerlo.”
  • Y, poco a poco, puede aparecer una preocupación que antes ni siquiera estaba ahí:
  • “¿Será que tenemos poco sexo?”
  • A partir de ese momento ocurre algo curioso. El sexo puede dejar de ser una experiencia que nace del deseo, la conexión o las ganas de compartir intimidad y empezar a convertirse en algo que debería ocurrir.
  • Ya no piensas únicamente:
  • “¿Me apetece?”
  • También empiezas a pensar:
  • “Debería apetecerme.”

Y esa diferencia puede tener bastante importancia.

Cuando sentimos que estamos por debajo de una supuesta norma, podemos empezar a vivir nuestra sexualidad como si tuviéramos que cumplir una cuota. Y cuanto más intentamos convertir el sexo en una obligación para demostrar que nuestra relación funciona, más fácil puede ser que aparezcan presión, frustración o culpa.

La satisfacción sexual no depende únicamente de cuántas veces tenemos sexo

Aquí aparece una cuestión especialmente interesante: frecuencia sexual y satisfacción sexual no son exactamente lo mismo.

Un estudio realizado con 126 parejas jóvenes encontró una relación entre la comunicación sexual y la satisfacción sexual y, en esa muestra, la comunicación tuvo un papel más importante que la frecuencia a la hora de explicar la satisfacción con la relación.

Esto no significa que la frecuencia sexual no importe. Si una persona desea tener más relaciones sexuales y siente que esa necesidad no está siendo atendida, puede existir un problema real que merece ser hablado.

La cuestión es que el número de relaciones sexuales por sí solo no nos dice si una pareja está satisfecha con su vida sexual.

Por eso quizá sea más interesante preguntarnos:

  • “¿Podemos hablar de nuestra sexualidad?”
  • ¿Puedes decirle a tu pareja que te gustaría tener más intimidad sin que lo interprete automáticamente como que no es suficiente?
  • ¿Puedes decir “hoy no me apetece” sin sentirte culpable?
  • ¿Puedes pedir algo que te gusta?
  • ¿Puedes contarle una fantasía?
  • ¿Puedes decir que echas de menos los besos, las caricias o la espontaneidad?
  • ¿Puedes hablar de lo que ha cambiado en vuestra vida sexual sin que la conversación termine convirtiéndose en una discusión?

Porque quizá algunas parejas no necesitan simplemente tener más sexo.

Quizá necesitan poder hablar mejor del sexo que ya tienen.

Las redes sociales también pueden distorsionar nuestra percepción

Y luego están las redes donde vemos la fotografía bonita, el viaje, el beso, la cena romántica y la pareja que parece completamente enamorada. Lo que normalmente no vemos es el cansancio, las discusiones, los problemas cotidianos, las semanas sin sexo o ese martes cualquiera en el que cada uno está sentado en un sofá mirando el móvil.

Esto es importante porque nuestra comparación suele ser bastante injusta.

Comparamos nuestra vida completa con los momentos seleccionados que otras personas deciden enseñarnos.

Algunos estudios han encontrado asociaciones entre la comparación social en redes y una peor valoración de la propia vida sexual, aunque este tipo de investigaciones no permite concluir que las redes sociales sean necesariamente la causa de esa insatisfacción.

Por eso conviene recordar una idea muy sencilla:

Tú estás viviendo tu película completa. De los demás, muchas veces solo estás viendo el tráiler.

 
Y un tráiler está diseñado para enseñar los mejores momentos.

Entonces, ¿cómo sé si mi vida sexual está bien?

Quizá cambiaría ligeramente la pregunta.

En lugar de preguntarte: “¿Tenemos suficiente sexo?” prueba con: “¿Estoy satisfecho o satisfecha con nuestra intimidad?”

Y si la respuesta es que no, entonces puedes hacerte una segunda pregunta: “¿Qué echo de menos exactamente?”

Tal vez quieras tener más relaciones sexuales. Pero también puede que eches de menos más cariño, más besos, más contacto físico, más espontaneidad, más deseo o más comunicación.

Quizá el problema no sea solamente la frecuencia. Quizá necesites sentirte más deseado o deseada. Quizá eches de menos la conexión que teníais al principio de la relación. O quizá estés perfectamente satisfecho con vuestra frecuencia sexual, pero las comparaciones con otras parejas te hayan hecho pensar que debería ser diferente.

Por eso, antes de buscar una cifra que determine si vuestra vida sexual es “normal”, puede ser mucho más útil preguntarse qué queréis vosotros como pareja.

Tu vida sexual no tiene que parecerse a la de nadie. No existe una frecuencia sexual que pueda utilizarse como examen universal para determinar si una pareja funciona bien.

Hay parejas que tienen relaciones sexuales varias veces por semana y están satisfechas. Otras tienen relaciones con menor frecuencia y también están satisfechas. Y otras pueden tener una frecuencia que, desde fuera, parece elevada y, sin embargo, estar atravesando dificultades en su intimidad.

Lo importante no es conseguir que vuestra relación se parezca a la de los demás. Lo importante es poder construir una vida sexual en la que ambas personas puedan expresar lo que desean, poner límites, hablar de sus necesidades y sentirse respetadas.

Porque tu vida sexual no tiene que parecerse a la de ninguna otra pareja. Tiene que ser una vida sexual en la que tú puedas sentirte bien.

Y quizá la próxima vez que aparezca el pensamiento “¿tenemos poco sexo?”, puedas hacerte una pregunta diferente.

Si mañana desaparecieran todas las estadísticas, todos los amigos contando cuánto sexo tienen y todas las parejas aparentemente perfectas de Instagram…

¿Seguirías pensando que tienes poco sexo?

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